La inflación general en México moderó su ritmo al cerrar junio con una variación anual de 4.32 %, contra 4.42 % en mayo. Sin embargo, la inflación subyacente —que excluye energía y alimentos— registró una aceleración que la llevó a 4.24 %, su nivel más alto en más de un año.
Este comportamiento muestra que, aunque los precios generales empiezan a ceder, persiste presión en los bienes y servicios básicos. A nivel mensual, los precios al consumidor subieron 0.28 %, con el núcleo al 0.39 %.
La desaceleración se atribuye parcialmente a la estabilización de los precios energéticos, aunque el impacto de la depreciación del peso sigue representando un riesgo inflacionario.
Dada esta dinámica, el margen de maniobra del Banco de México (Banxico) para recortes de tasas se redujo, ya que ambos indicadores siguen por encima del 4 %, límite superior del rango objetivo.
El nuevo escenario refuerza la necesidad de monitorizar factores como el tipo de cambio, inflación subyacente y presiones salariales, antes de impulsar nuevas reducciones de tipos.









