El gobernador Greg Abbott amplió hoy la emergencia por inundaciones a 30 condados de Texas, tras una temporada de lluvias extremas que dejaron al menos 135 muertos y enormes daños en viviendas, campamentos recreativos y rutas vitales. Esta expansión permite activar fondos estatales y federales, y coordinar con FEMA la recuperación, algo que podría anunciarse oficialmente en los próximos días.
Las lluvias del pasado 4 de julio devastaron el centro del estado, con Kerr County como la zona más afectada: los cuantiosos daños sobrepasaron los 200 millones de dólares y derivaron en la petición de ayuda para hasta nueve condados más. La medida busca aliviar la carga financiera de las comunidades locales, muchas de las cuales ya habían visto cómo sus ingresos familiares se deterioraban en el contexto de la crisis económica que azota a Texas.
Amid esta emergencia, el panorama económico del estado sigue siendo complejo. Texas se mantiene en el primer lugar en estrés financiero personal entre sus habitantes, gracias a un estudio de WalletHub que lo posiciona como el estado más “distressed” de EE.UU.; solo en el último año los registros de cuentas en mora crecieron un 22 %, y 7.1 % de los préstamos están en situación delicada.
Este doble desafío – inundaciones catastróficas e inestabilidad financiera – pone presión en las autoridades. Si bien se han aprobado fondos de emergencia, analistas advierten que la recuperación a largo plazo dependerá de asegurar condiciones financieras saludables para las familias afectadas, así como de una modernización de infraestructura que reduzca el impacto de futuros fenómenos climáticos.
El gobernador Abbott ha anunciado medidas de asistencia inmediata, orientadas a vivienda y reconstrucción, así como la búsqueda de ayudas federales para emergencias, pero el reto sigue siendo conciliar estos esfuerzos con un entorno económico vulnerable y desigual.









