Navegando por el aumento de costos, los cambios en los hábitos de los consumidores y el impacto en el turismo, una fotografía de la industria de hospitalidad y gastronómica
HISPANIC GLOBAL NEWS / Javier Amieva
San Antonio, Texas.- La industria restaurantera y de hospedaje de Texas enfrenta en 2025 una combinación compleja de resiliencia y desafío. La disminución en el número de visitantes internacionales —motivada por las nuevas políticas de inmigración, el temor a ser perfilado y detenido durante las vacaciones, así como la lentitud y el aumento en el costo de procesamiento de visas— está afectando de forma directa al sector.
Restaurantes bajo presión en Austin y Dallas
En Austin y Dallas, dos de las áreas metropolitanas más grandes del estado, el sector restaurantero enfrenta una presión sin precedentes. La escasez de mano de obra, el encarecimiento de insumos y el temor en comunidades clave están comprometiendo la viabilidad de numerosos establecimientos.
Casi la mitad (47 %) de los operadores de restaurantes en Texas reporta vacantes difíciles de cubrir y un 21 % admite no contar con el personal necesario para atender la demanda actual. A esto se suma el miedo a redadas migratorias, lo que provoca que tanto trabajadores con permiso como indocumentados eviten presentarse, impactando directamente en la capacidad operativa de los negocios.
La Texas Restaurant Association recuerda que “los restaurantes son un componente esencial de nuestro suministro de alimentos y nuestra economía”, destacando que solo en Texas la industria de servicios de alimentos genera casi $138 mil millones en ventas, y cada dólar gastado en un restaurante texano genera $1.99 para la economía del estado.
Tarifas: el ingrediente que todo encarece
La entrada en vigor de nuevas tarifas sobre bienes importados afecta directamente los costos operativos. Restaurantes en Texas enfrentan hoy aumentos de entre 6 y 12 % en comparación con 2024. Ejemplos concretos muestran incrementos de hasta 30 % en mobiliario, 20 % en empaques y 25 % en utensilios importados, según datos de Over Easy.
En el panorama nacional, un estudio del Laboratorio de Presupuesto de Yale estima que los aranceles actuales provocarán un aumento del 2.6 % en los precios de alimentos a corto plazo, con un ajuste de hasta 3 % por encima de la inflación subyacente.
En Texas, este escenario amenaza la estabilidad de un sector que emplea a 1.4 millones de personas. La incertidumbre en torno a las políticas comerciales complica la planeación empresarial y obliga a muchos negocios a trasladar los costos al consumidor.
Cierres, consolidación y turismo gastronómico más caro
Los efectos ya se sienten en grandes ciudades. En Houston, cuatro restaurantes de larga trayectoria cerraron definitivamente a finales de mayo, señalando como causas la inflación, problemas de suministro, menor consumo y el impacto de las tarifas sobre productos esenciales como cajas para llevar, vino y especias.
En la frontera, los precios de verduras y productos perecederos ya reflejan aumentos por los aranceles impuestos a México y Canadá. Una tarifa del 21 % sobre los tomates mexicanos, que representan el 70 % del suministro estadounidense, amenaza con encarecer aún más la operación de restaurantes.
¿Qué pasa con los clientes y el turismo?
-
Clientes locales: enfrentan precios más elevados, cambios de hábitos de consumo y posibles restricciones en menú o porciones. También sufren tiempos de servicio más largos por la falta de personal.
-
Turismo culinario: se vuelve más costoso y menos atractivo. La percepción de altos precios limita la disposición a gastar, mientras que los cierres de restaurantes emblemáticos reducen la oferta cultural y gastronómica.
-
Independientes vs. cadenas: los pequeños restauranteros, con menos margen de maniobra, son desplazados por grandes grupos consolidados que pueden absorber mejor los choques económicos.
Una tormenta perfecta
Texas vive una tormenta perfecta: escasez de personal, alza de costos, caída en el turismo y desempleo estancado. Restaurantes y negocios de servicio luchan por mantenerse a flote mientras los clientes recortan gastos y el turismo refleja cautela.
El futuro del sector se presenta incierto y dependerá de respuestas eficaces en política migratoria, estabilidad comercial y apoyos específicos para la industria restaurantera.









