El panorama económico en México se encuentra marcado por contrastes: por un lado, datos recientes mostraron que la economía creció 1.8 % en la primera mitad de 2025, superando lo esperado.
Por otro lado, la segunda mitad del año proyecta un menor empuje, con el índice de actividad económica registrando caídas año contra año de 0.9 % en agosto.
El consumo interno está mostrando debilidad: los salarios reales no crecen al ritmo deseado, el empleo formal se incrementa lentamente y las remesas desde Estados Unidos están empezando a ceder terreno.
Todo ello hace que la base doméstica del crecimiento pierda fuerza.
Por el frente inflacionario, hay señales alentadoras: la inflación anual cayó a cerca de 3.6 % en la primera mitad de octubre, lo cual abre espacio para que el Banco de México continúe con recortes en su tasa de interés.
Sin embargo, los riesgos persisten: la inversión fija bruta se ha contraído, la reforma institucional ha generado incertidumbre y la revisión del tratado USMCA crea un componente adicional de tensión.
En este contexto, para el estado de Nuevo León y Monterrey, con su fuerte componente industrial, manufacturero y exportador, este entorno nacional significa que aunque el comercio exterior puede seguir siendo motor, el freno del consumo interno y la inversión puede afectar la demanda regional, la demanda de servicios, los proveedores y la cadena industrial asociada.
Además, la reciente noticia de que México alcanzó un acuerdo con EE.UU. en materia de seguridad, migración y comercio antes del vencimiento de plazos arancelarios aporta un poco de certidumbre, aunque el detalle y la implementación aún están por verse.
Para Sam, que trabaja en producción audiovisual y eventos, esto entra en juego en las siguientes formas: presupuestos pueden estirarse más, clientes quizá revisen costos, empresas opten por optimizar logística o reducción de inversiones en publicidad / eventos si la economía se enfría.
Es buen momento para diversificar y estar atento a los indicadores económicos nacionales.









