La presencia de dos amenazas difíciles de detectar  que pone a prueba la vigilancia agrícola en la frontera

Un escarabajo interceptado en un aeropuerto rumbo a Texas y una plaga invasora que avanza por más de 20 condados muestran la vulnerabilidad agrícola de la región fronteriza.

HISPANIC GLOBAL NEWS / Javier Amieva

Laredo, Texas.- Dos amenazas agrícolas han sido detectadas y ponen en riesgo a Texas y al país: un escarabajo de tres milímetros escondido en un pedazo de corteza y un insecto algodonoso que avanza silenciosamente entre los pastizales. Uno de ellos se presentó en un aeropuerto del norte del país; el otro, en las praderas del sur de Texas.

Este año, los especialistas en agricultura de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) realizaron la primera intercepción registrada en Estados Unidos de un escarabajo de corteza potencialmente destructivo procedente de Costa de Marfil. Este insecto, de aproximadamente tres milímetros, fue hallado durante una inspección rutinaria a un pasajero que arribó al Aeropuerto Metropolitano de Detroit, quien llevaba una corteza parcialmente seca para usos medicinales mientras estaba en tránsito hacia Texas.

Los funcionarios locales de CBP lo identificaron inicialmente como parte del género afrotropical Ctonoxylon. Más tarde, personal del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) determinó que se trataba de Ctonoxylon spinifer Eggers, identificación que se confirmó el 16 de octubre pasado. Según los registros del USDA, esta especie nunca había sido detectada en un puerto de entrada del país.

El escarabajo y la corteza, ambos prohibidos, fueron confiscados para análisis adicionales. El pasajero fue liberado sin mayores incidentes. Pero las implicaciones sí fueron relevantes. “Esta primera intercepción de escarabajos de corteza es significativa porque muchas especies son plagas que destruyen árboles”, declaró la directora del puerto, Fadia Pastilong.

A diferencia de otras variedades de escarabajos de corteza, que excavan túneles bajo la corteza para alojar sus larvas, el Ctonoxylon se reproduce dentro de las capas internas del árbol. Aunque la investigación sobre esta especie es limitada, se sabe que sus variantes pueden alimentarse de higueras y olivos. Texas, donde estos cultivos forman parte de la producción agrícola regional, podría enfrentar daños económicos significativos si una plaga así lograra establecerse.

“Las grandes amenazas pueden venir en paquetes pequeños y nuestros especialistas agrícolas trabajan diligentemente para proteger nuestra agricultura y nuestros recursos naturales contra peligros de todas las formas y tamaños”, afirmó Marty C. Raybon, director de Operaciones de Campo de CBP.

Ese riesgo es el mismo que hoy preocupa a los productores texanos ante otra amenaza: la cochinilla harinosa de los pastos (Helicococcus summervillei), una especie invasora detectada en varios condados del estado. Su impacto ya es visible en áreas de pastoreo, según la alerta emitida por el Comisionado de Agricultura de Texas, Sid Miller.

El comisionado Miller habló sobre el plan para cubrir riesgos importantes como las plagas invasoras de la cochinilla harinosa de los pastos y el gusano barrenador, las amenazas climáticas y la bioseguridad, instando a la preparación y a la acción enérgica para proteger a los productores de Texas y garantizar la seguridad alimentaria, enfatizando que los nuevos desafíos requieren vigilancia y una respuesta unificada ante las amenazas de nuevas plagas.

El Departamento de Agricultura de Texas (TDA) informó que trabaja de manera coordinada con Texas A&M AgriLife y APHIS–USDA para atender la emergencia. La especie, descrita como altamente dañina, causa la llamada “muerte regresiva de los pastos”, dejando manchas de césped amarillento y debilitado que terminan por secarse.

El historial de la plaga agrava la preocupación: se detectó por primera vez en Australia en 1928, donde devastó millones de hectáreas de pastizales antes de expandirse a otras regiones del mundo. Su rápida reproducción y alimentación a nivel del suelo la convierten en un enemigo difícil de detectar y controlar.

“Esta es una plaga completamente nueva en nuestro continente, y Texas está una vez más en primera línea”, advirtió Miller. “Si la cochinilla algodonosa se propaga por las tierras de pastoreo de Texas como lo ha hecho en el este de Australia, podría costarle caro a la agricultura texana en pérdida de productividad y reducción de la capacidad ganadera”.

El área afectada abarca actualmente 20 condados, incluyendo Cameron, Hidalgo y Willacy, tres jurisdicciones fronterizas que funcionan como corredor ganadero y agrícola del sur del estado. Entomólogos de AgriLife ya documentaron daños significativos en pastos y campos de heno en el condado de Victoria. Y, por ahora, no se ha identificado ningún insecticida etiquetado como eficaz para su control.

Los síntomas incluyen amarillamiento del follaje, coloración violácea, retraso en el crecimiento, estrés hídrico incluso con lluvias recientes, sistemas de raíces poco desarrollados y muerte regresiva de la planta. Los especialistas recomiendan revisar hojas, tallos, suelo y hojarasca, así como zonas no gestionadas y áreas de borde, donde suelen esconderse estos insectos blancos y cerosos.

Aunque ambos episodios no están relacionados entre sí, sí apuntan a una misma vulnerabilidad: la frontera como punto de entrada, tránsito y dispersión de riesgos biológicos. En un estado donde la agricultura y la ganadería dependen de la estabilidad de los pastizales y de cultivos sensibles, una amenaza microscópica puede convertirse en una crisis regional en cuestión de semanas.