El cierre de año llegó con un ritmo distinto en El Paso. Las calles cercanas a los cruces internacionales se sienten más activas, los patios de carga trabajan con horarios extendidos y los comercios locales registran un movimiento que no se veía desde antes de la pandemia. Para empresarios de la región, diciembre no solo es temporada alta, sino un termómetro real de cómo cerrará la economía fronteriza. Este 2025, el termómetro marca actividad intensa, pero también señales de desgaste operativo.
De acuerdo con líderes empresariales como Jerry Pacheco, presidente del Border Industrial Association, el volumen de cruces comerciales ha aumentado de forma constante desde mediados de noviembre. El fenómeno no se limita a mercancía navideña; incluye autopartes, electrónicos y productos médicos que buscan cumplir contratos antes del cambio fiscal de enero. Esto ha obligado a empresas de logística a reorganizar rutas y ampliar turnos.
La presión se siente especialmente en el Puente Zaragoza-Ysleta, donde transportistas reportan tiempos variables que complican la planeación diaria. Aunque no se han registrado colapsos, el margen de error es mínimo. Un retraso de horas puede afectar cadenas completas, sobre todo en industrias que trabajan con inventarios ajustados.
Autoridades municipales han reconocido el reto y aseguran que mantienen coordinación con CBP para agilizar revisiones cuando es posible. Sin embargo, admiten que la infraestructura actual ya no responde al crecimiento del intercambio comercial. El Paso se beneficia del dinamismo, pero también paga el costo de operar al límite.
En paralelo, pequeños y medianos negocios viven una realidad distinta. Restaurantes, hoteles y comercios del centro reportan un aumento en ventas, impulsado por transportistas y compradores transfronterizos. Para muchos de estos negocios, diciembre representa hasta el 25% de sus ingresos anuales.
Economistas locales advierten que esta dualidad —bonanza comercial y presión logística— se repetirá en 2026 si no se realizan ajustes estructurales. El crecimiento ya no es coyuntural; es parte del nuevo orden comercial de Norteamérica.
Mientras tanto, El Paso cierra el año con una mezcla de optimismo y cautela. El movimiento es señal de fortaleza, pero también una advertencia: la frontera necesita evolucionar al mismo ritmo que su economía.
La conversación sobre infraestructura, inversión y coordinación binacional vuelve a la mesa, justo cuando el año se apaga y el siguiente comienza a tomar forma.









