El arranque de 2026 ha traído movimientos importantes dentro de la política comercial de Estados Unidos. Desde Washington DC, asesores económicos del presidente han comenzado a redefinir prioridades enfocadas en fortalecer cadenas de suministro regionales y reducir vulnerabilidades externas.
Funcionarios del Departamento de Comercio, encabezado por Gina Raimondo, han sostenido encuentros con líderes empresariales para evaluar qué sectores requieren mayor apoyo gubernamental. La manufactura avanzada y los semiconductores figuran entre los principales.
Uno de los ejes centrales es reforzar la relación productiva con México y Canadá, considerados socios estratégicos frente a tensiones con mercados asiáticos.
La administración también analiza incentivos fiscales para empresas que relocalicen operaciones dentro de América del Norte, una tendencia que ya comenzó a notarse desde 2024.
En el Congreso, legisladores de ambos partidos impulsan propuestas para acelerar inversión en infraestructura portuaria y ferroviaria, fundamentales para sostener el comercio regional.
Los cambios no apuntan a cierres comerciales, sino a una reorganización de flujos productivos.
Expertos consideran que Washington busca estabilidad más que confrontación.
El enfoque de 2026 parece ser construir resiliencia económica a largo plazo.









