Agricultura binacional y la defensa del T-MEC entre productores de Estados Unidos

En medio de la próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), el sector agroindustrial de Estados Unidos ha lanzado una ofensiva para destacar la importancia estratégica del comercio agrícola regional, argumentando que cerca de 148 mil millones de dólares en exportaciones se sostienen gracias a este marco comercial. Líderes de la nueva Agricultural Coalition for USMCA, que agrupa a más de 40 organizaciones del sector, han enfatizado que sin un T-MEC fortalecido muchas exportaciones —como maíz, lácteos, productos de panadería, carne de cerdo y fruta fresca— enfrentarían barreras que reducirían competitividad y empleos.

Los datos oficiales revelan que entre 2020 y 2024 el comercio agrícola de Estados Unidos con México y Canadá creció casi 47 %, muy por encima de la media global de exportaciones agrícolas hacia otros destinos. Este crecimiento ha sido un factor clave en la economía del Valle del Río Grande y otras regiones agrícolas del sur de Texas, donde cientos de miles de trabajos están vinculados directa o indirectamente a exportaciones binacionales.

Para productores y pequeñas cooperativas del RGV, el T-MEC ha significado acceso consolidado a mercados que tradicionalmente podían estar marcados por aranceles y barreras sanitarias. Sectores como la producción de maíz y hortalizas frescas han encontrado en México y Canadá mercados estables y predecibles, lo que ha permitido planificar inversiones y producción con mayor certeza.

Sin embargo, la incertidumbre actual sobre el futuro del tratado, que debe revisarse este año, ha generado preocupación en la comunidad agrícola, que teme que modificaciones en reglas de origen, aranceles o procedimientos regulatorios puedan afectar la competitividad de sus productos.

En respuesta, numerosas organizaciones han intensificado sus esfuerzos de lobby ante legisladores estadounidenses, buscando demostrar con cifras concretas la interdependencia económica entre países y la necesidad de mantener mecanismos de comercio preferencial que favorezcan la industria regional.

Esta defensa del T-MEC también ha implicado alianzas con cámaras productivas de México y Canadá, que comparten la visión de un tratado expansivo, transparente y fuerte frente a desafíos globales como competencia extranjera, incertidumbre tarifaria y volatilidad de mercados internacionales.

Especialistas agrícolas señalan que, independientemente de la conclusión de la revisión, es esencial que las partes involucradas establezcan mecanismos de cooperación y predictibilidad a largo plazo, dado que la infraestructura productiva y logística ya está integrada profundamente en cadenas de valor regionales.

Para el Valle del Río Grande, donde el agro es un motor económico clave, el resultado de estas presiones políticas y económicas podría definir la estabilidad laboral y comercial de miles de familias a lo largo de 2026.