En Dallas, un grupo de universidades y organizaciones civiles lanzó un programa que busca combatir el desempleo juvenil con una propuesta poco convencional: la creación de cooperativas tecnológicas. Estas agrupaciones permiten que jóvenes con conocimientos en programación, diseño o marketing trabajen juntos como socios, desarrollando proyectos para empresas locales y compartiendo las ganancias de forma equitativa.
La idea nació de una alianza entre el gobierno municipal, la Universidad del Norte de Texas y una incubadora privada. El programa, que ya cuenta con 15 cooperativas activas, ofrece capacitación, asesoría legal y acompañamiento financiero para garantizar que los jóvenes puedan operar formalmente.
El modelo rompe con la lógica tradicional del empleo asalariado. En lugar de buscar un puesto fijo, los participantes crean su propia empresa compartida. “No es solo trabajo, es autonomía y aprendizaje colectivo”, explica Michael Torres, uno de los coordinadores del proyecto.
Las cooperativas trabajan en diversos sectores: desarrollo de software, diseño de apps educativas, análisis de datos para negocios y marketing digital. En menos de un año, algunas ya lograron contratos con pequeñas compañías que buscan servicios tecnológicos accesibles.
El proyecto también tiene un impacto social importante. Muchos de los jóvenes provienen de zonas marginadas o familias migrantes, y encuentran en estas cooperativas una oportunidad de crecimiento sin depender de grandes corporaciones.
Dallas se ha convertido así en un punto de referencia para este tipo de iniciativas en el sur de Estados Unidos. Según el ayuntamiento, la meta es duplicar el número de cooperativas en 2026.
Empresarios locales destacan que este modelo fomenta la creatividad y el sentido de comunidad, dos elementos esenciales para construir una economía más humana.
En una época dominada por la automatización, estas cooperativas demuestran que la tecnología también puede ser una herramienta de unión y solidaridad.









