El T-MEC llega al cierre de 2025 lejos del protagonismo político que marcó sus primeros años. Diciembre ha sido un mes de trabajo silencioso, donde el énfasis estuvo en cumplimiento, revisión de reglas y preparación para los retos de 2026.
Funcionarios de la Secretaría de Economía en México, encabezados por Raquel Buenrostro, han trabajado en coordinación con contrapartes de Estados Unidos y Canadá para cerrar expedientes abiertos y evitar fricciones innecesarias.
Las reglas de origen, especialmente en el sector automotriz, siguieron siendo uno de los temas más sensibles. Empresas han tenido que reforzar procesos internos para cumplir con estándares cada vez más estrictos.
En Estados Unidos, el enfoque ha sido técnico, con agencias revisando casos específicos sin llevarlos al terreno mediático. Esta discreción ha permitido avanzar sin tensiones públicas.
Canadá, por su parte, mantuvo firme su postura en temas laborales y ambientales, anticipando que estos serán ejes centrales en 2026.
Especialistas en comercio internacional coinciden en que el tratado se encuentra en una etapa de madurez. Ya no se discute su existencia, sino su correcta aplicación.
Este cierre de año ha servido para ajustar criterios y preparar el terreno para revisiones más profundas.
El T-MEC cierra 2025 funcionando como una herramienta viva, exigente y cada vez más técnica.









