La retirada de EE. UU. del Acuerdo de Suspensión del Tomate amenaza la estabilidad de una industria clave para Texas, que concentra el 50 % de las importaciones de tomate mexicano.
Laredo, Texas.- Las empresas texanas encendieron las alarmas esta semana tras el anuncio del Departamento de Comercio de Estados Unidos de retirarse del Acuerdo de Suspensión del Tomate, un pacto vigente desde 1996 con México que regulaba las importaciones del fruto rojo para estabilizar precios y evitar prácticas desleales de comercio. La decisión implica que, a partir de este mes, los tomates mexicanos deberán pagar un arancel del 17 por ciento, lo que podría elevar los precios para los consumidores hasta en un 50 por ciento, según un estudio de la Universidad Estatal de Arizona.
Este 14 de julio se cumplió el plazo otorgado por el Departamento de Comercio de los Estados Unidos para la entrada en vigor de las tarifas compensatorias anti dumping al tomate mexicano, con la decisión de las autoridades estadounidenses de rescindir el Acuerdo de Suspensión del Tomate.
El porcentaje de la tarifa asciende ya a 20.91%, en una sanción resultado de las acusaciones históricas de dumping contra los productores de tomate mexicano.
Entre los efectos que se esperan, a partir de la imposición de la tarifa compensatoria, está el encarecimiento del tomate en Estados Unidos para el consumidor final, y una menor competitividad del producto mexicano en el mercado estadounidense que provocaría un impacto negativo en la exportación del fruto desde México.
“Los consumidores estadounidenses serán los perdedores”, advirtió Skip Hulett, asesor jurídico jefe de NatureSweet, empresa con sede en San Antonio que importa alrededor de 79 millones de kilos de tomates tipo querubín desde México. Estima que cada paquete de estos tomates podría encarecerse al menos 50 centavos por unidad, y prevé un impacto generalizado en el precio al menudeo.
El golpe será particularmente severo en Texas, estado clave en la cadena logística del tomate en EE. UU., donde cerca del 70 por ciento del tomate que se consume en el país proviene de México, y la mitad de esas importaciones cruzan por los puertos fronterizos de Pharr y Laredo. Esta red sostiene a más de 32 mil empleos y genera alrededor de 4 mil 500 millones de dólares anuales, según el Centro de Investigación del Senado de Texas.
En junio, el gobernador Greg Abbott firmó una resolución legislativa instando al Departamento de Comercio a conservar el acuerdo, argumentando que su vigencia protege tanto a trabajadores como a consumidores texanos. Sin embargo, la administración de Donald Trump ha seguido adelante sin ofrecer una justificación clara para el retiro, aunque diversos actores del sector apuntan a la presión ejercida por el Florida Tomato Exchange, grupo que representa a productores de Florida y que ha denunciado prácticas de dumping por parte de exportadores mexicanos.
“El acuerdo no ha funcionado para estabilizar la industria nacional del tomate ni permitir una competencia justa”, dijo Robert Guenther, vicepresidente ejecutivo de ese gremio. Citó un informe de 2019 del propio Departamento de Comercio que advertía sobre ventas mexicanas por debajo del valor de mercado.
El Acuerdo de Suspensión del Tomate fue negociado por primera vez en 1996, tras acusaciones de los productores de Florida sobre competencia desleal, al venderlos por debajo del valor justo de mercado. Desde entonces, se había renovado periódicamente cada cinco años. La más reciente notificación de retiro se dio en abril, activando un periodo de 90 días que concluyó el lunes pasado.
Pese a que Texas no es un gran productor de tomate —debido a condiciones agrícolas menos favorables— su papel como hub logístico es estratégico. Por ello, el impacto del arancel trasciende lo agrícola y golpea al comercio internacional y la cadena de suministros.
La incertidumbre se agrava por un posible nuevo arancel del 30 por ciento anunciado el sábado por el presidente Trump, que se aplicaría a todas las importaciones mexicanas desde el 1 de agosto. Aunque funcionarios de la Casa Blanca sugieren que los tomates podrían estar exentos bajo el T-MEC, el tratado aún está bajo renegociación. Esto deja a los importadores en el limbo.
“Si se aprueban ambos aranceles, veremos un aumento de entre 45 y 50 % en los costos del tomate el 1 de agosto”, alertó Tommy Wilkins, director de ventas de Horton Fruit Co., distribuidora ubicada cerca de Dallas.
Por ahora, el tomate se convierte en el último ingrediente del creciente menú de tensiones comerciales que podría alterar el bolsillo de millones de familias, con especial resonancia en Texas, donde el comercio exterior es una pieza fundamental del desarrollo económico.









