Mientras Texas sigue brillando en los rankings de competitividad económica y atracción de inversiones, un nuevo estudio de WalletHub revela un rostro menos favorable de su economía: el deterioro en la salud financiera de sus ciudadanos. De acuerdo con el reporte, el estado lidera a nivel nacional en aumento de endeudamiento familiar y caída en el puntaje crediticio promedio, una combinación que podría convertirse en un obstáculo a mediano plazo.
Este contraste es particularmente relevante considerando que Texas ha sido elogiado recientemente por CNBC como el segundo mejor estado para hacer negocios en 2025. Sin embargo, mientras las grandes corporaciones como Tesla, Meta y Amazon consolidan operaciones en Austin, Houston o Dallas, muchas familias enfrentan un aumento en el costo de vida, endeudamiento por tarjetas y préstamos personales, y dificultades para acceder a vivienda.
El informe también resalta que este endeudamiento no se limita a clases populares. Incluso familias con ingresos medios han tenido que recurrir a créditos para cubrir gastos básicos, como educación o atención médica. Esta situación empieza a reflejarse en una desaceleración del consumo interno, lo cual podría impactar cadenas logísticas y de distribución que dependen de una clase media fuerte.
Desde la administración del gobernador Greg Abbott se han propuesto iniciativas para contrarrestar esta tendencia, como programas de educación financiera y colaboración con bancos locales para reestructurar deudas. Sin embargo, los expertos indican que mientras no se aborden las causas estructurales —como la vivienda inaccesible o los seguros médicos costosos—, las soluciones serán insuficientes.
Para las empresas mexicanas que tienen operaciones en Texas o exportan hacia este estado, este panorama mixto debe observarse con atención. Aunque sigue siendo un gran mercado, la presión sobre las familias podría cambiar patrones de consumo, afectar ventas minoristas y modificar la estrategia comercial en ciudades fronterizas como Laredo o El Paso.
En resumen, Texas enfrenta un reto doble: mantener su atractivo para los negocios sin ignorar los signos de estrés económico en su población. El futuro dependerá de su capacidad para equilibrar el desarrollo macroeconómico con bienestar social, algo que hoy parece más urgente que nunca.









