Texas impulsa el uso de ibogaína contra adicciones y lesiones cerebrales; México ya la utiliza en tratamientos

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Laredo, Texas.- Texas ha dado un paso inesperado al convertirse en el primer estado de Estados Unidos en respaldar oficialmente investigaciones sobre la ibogaína, una sustancia psicodélica prohibida a nivel federal, pero que ha mostrado resultados prometedores en el tratamiento de adicciones y lesiones cerebrales traumáticas.

La ibogaína se extrae de la raíz de la planta iboga, originaria de África central, y durante décadas ha sido utilizada en rituales tradicionales. Sin embargo, en Estados Unidos se encuentra clasificada desde 1967 como una droga de la Lista I, junto a la heroína y la marihuana, lo que prohíbe su uso y comercialización.

A pesar de ello, testimonios y estudios recientes han despertado el interés de políticos conservadores en Texas, quienes ahora ven en esta sustancia una posible alternativa para abordar los crecientes problemas de salud mental y adicciones en la población, especialmente entre veteranos de guerra.

50 millones de dólares para ensayos clínicos

A inicios de junio, el gobernador de Texas, Greg Abbott, firmó una ley que asigna 50 millones de dólares del presupuesto estatal a ensayos clínicos aprobados por la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) para investigar el uso médico de la ibogaína. Esta iniciativa representa un giro en la postura tradicional del Partido Republicano sobre las drogas psicodélicas.

Uno de los principales impulsores de este cambio es el exgobernador de Texas y exsecretario de Energía, Rick Perry, quien ha defendido públicamente la investigación de la ibogaína, criticando la histórica “guerra contra las drogas” como un obstáculo que ha impedido explorar tratamientos potencialmente salvavidas.

Veteranos, los primeros en buscar alternativas

El congresista texano Morgan Luttrell y su hermano gemelo, ambos veteranos de guerra, han compartido su experiencia personal utilizando ibogaína para recuperarse de traumas psicológicos y lesiones cerebrales. Estas vivencias han sido clave en la promoción de la sustancia como un posible tratamiento alternativo.

Un estudio de la Universidad de Stanford, publicado en 2024 en Nature Medicine, evaluó a 30 veteranos que recibieron ibogaína combinada con sulfato de magnesio para mitigar los riesgos cardíacos. Los resultados mostraron una reducción significativa de los síntomas de TEPT (trastorno de estrés postraumático), ansiedad, depresión y mejoras cognitivas relacionadas con lesiones cerebrales.

En México, su uso ya es una realidad

Mientras en Estados Unidos la ibogaína sigue siendo ilegal, en México su uso terapéutico está permitido. Clínicas ubicadas en Tijuana y otras ciudades fronterizas ya ofrecen tratamientos para personas con depresión, adicciones o estrés postraumático, lo que ha convertido al país en un destino para quienes buscan esta alternativa.

Con el respaldo político de Texas y el inicio de los ensayos clínicos, la ibogaína podría estar más cerca que nunca de obtener la aprobación de la FDA. De concretarse, significaría un cambio radical en el enfoque de Estados Unidos hacia los tratamientos para adicciones y salud mental, especialmente en poblaciones vulnerables como los veteranos.