El presidente Donald Trump declaró públicamente que Estados Unidos podría imponer aranceles unilaterales si no se logra un acuerdo comercial con Canadá antes de la fecha límite del 1 de agosto. La frustración se centra en que las negociaciones no han avanzado al nivel deseado, y cualquier falta de entendimiento podría llevar a tarifas de hasta 35 % sobre productos no exentos del T-MEC como acero y automóviles.
Canadá ha confirmado que continúa las conversaciones, aunque el primer ministro Mark Carney admitió que aún no existe un consenso. A su vez, México mantiene una postura de espera estratégica mientras prepara un contraargumento técnico respaldado por datos de comercio bilateral y cumplimiento dentro del T-MEC. La tensión actual ha sido descrita como una “estrategia de desgaste” que busca presionar por concesiones antes de la revisión de julio de 2026.
El resultado de estas negociaciones es crucial para la estabilidad comercial continental. Un fallo en las conversaciones podría desencadenar nuevas restricciones sobre bienes mexicanos y canadienses, afectando sectores clave como la cadena manufacturera y la generación de empleo transfronterizo.
En respuesta, México y Canadá han reforzado su coordinación, impulsando propuestas de integración más estrecha y mecanismos de resolución conjunta dentro del T-MEC. Buscan ratificar el tratado como una plataforma sólida para el intercambio y evitar que se convierta en arena unilateral de imposición de aranceles.
La situación sigue en evolución. Hasta el momento, la posibilidad de que EE.UU. aplique tarifas sin acuerdo es real, y Canadá ha advertido que no descartará medidas de retorsión si el diálogo colapsa.









