Caos en aduanas y filas de más de 16 km: cómo la falla técnica paralizó el comercio terrestre entre México y Texas

El jueves 19 de febrero de 2026 quedará marcado en la memoria de transportistas, exportadores y autoridades fronterizas por un colapso técnico que generó uno de los mayores atascos en la historia reciente del comercio terrestre entre México y Estados Unidos. Un programa piloto para migrar el sistema nacional de aduanas en varios puertos de entrada —incluyendo los de Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros— provocó fallas intermitentes que paralizaron las operaciones durante varias horas. Camiones de carga quedaron detenidos en filas que superaron los 16 kilómetros, obligando a conductores a esperar por más de medio día para cruzar productos que van desde automóviles hasta alimentos perecederos.

Las autoridades de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM) reconocieron que la transición al nuevo sistema implicó cierres de carriles y errores de sincronización con la base de datos central, afectando procesos de revisión y despacho. El impacto fue inmediato: empresas que dependen del comercio fronterizo para programas just-in-time denunciaron pérdidas por demoras, mientras que pequeños exportadores cuestionaron la falta de comunicación anticipada por parte de las autoridades.

Transportistas relataron escenas de frustración en las rampas fronterizas, con camiones estacionados sobre el bulevar Bellas Artes y otras vías colapsadas por la falta de flujo. La falta de semáforos eficientes, la ausencia de información clara y la incertidumbre sobre cuándo se restablecería el servicio agrandaron la molestia. El sector privado responsabilizó tanto a la implementación apresurada del sistema como a la falta de pruebas integrales antes de su entrada en operación.

Empresarios del norte de México y sur de Texas señalan que estos fallos reiterados podrían afectar la confianza de inversionistas internacionales, quienes valoran la estabilidad y predictibilidad de las operaciones logísticas en una región que canaliza miles de millones de dólares en comercio anual. La preocupación no es menor: la frontera entre México y Texas maneja una proporción significativa del comercio terrestre bilateral, y cualquier interrupción prolongada puede reverberar en cadenas de suministro globales.

La federación de transportistas y cámaras logísticas han exigido una investigación técnica completa y la creación de un comité bilateral de monitoreo que incluya a usuarios del sistema para asegurar que cambios futuros no repitan los errores de este jueves. Algunos proponen establecer “t” de contingencia” para activar sistemas paralelos en caso de fallas, similar a cómo se manejan plataformas críticas en sectores financieros o de telecomunicaciones.

Desde el lado estadounidense, autoridades aduaneras y de fronteras han expresado su disposición a colaborar con México para homologar protocolos y coordinar pruebas especialmente en puertos con alto tránsito como Laredo, Pharr o El Paso, donde la sincronización de sistemas digitales es clave para evitar sobrecargas.

Este episodio también ha puesto sobre la mesa la importancia de contar con infraestructura física —como cruces adicionales, carriles exclusivos para carga y zonas de inspección más amplias— que puedan mitigar no solo fallas técnicas sino también picos de demanda en temporadas altas como esta, donde los productos frescos, manufacturados y tecnología cruzan con intensidad.

Al cierre de la jornada, las filas comenzaron a disminuir tras horas de ajustes, pero la sensación entre transportistas y exportadores fue de incredulidad y preocupación, dejando claro que la frontera comercial más activa del continente sigue demandando inversiones en logística, infraestructura y sistemas digitales robustos que no fallen en los momentos más sensibles.