Dos crisis, un mismo mapa: California y Texas enfrentan estrés hídrico

El oeste del país enfrenta un cambio en su ciclo del agua, mientras el estado texano calcula el costo de evitar el colapso

HISPANIC GLOBAL NEWS / Javier Amieva

Laredo, Texas.- La presión sobre el agua para consumo humano en el sur de Estados Unidos se intensifica. Mientras Texas proyecta inversiones millonarias para evitar una crisis estructural, California vuelve a encender las alertas tras haber dejado atrás la sequía hace apenas unos meses. Ambos casos reflejan un patrón común: la creciente inestabilidad del sistema hídrico en la región y la inminente escasez del recurso.

En California, el inicio de 2026 marcó un hito. Por primera vez en un cuarto de siglo, el estado se encontraba completamente libre de sequía. Sin embargo, ese alivio fue breve. Para abril, condiciones de sequía leve reaparecieron en distintas zonas, incluyendo áreas del norte de la Sierra Nevada, de acuerdo con datos del Monitor de Sequía de Estados Unidos.

El detonante no fue la ausencia total de precipitaciones, sino un cambio en las condiciones atmosféricas. Durante marzo, un sistema de alta presión bloqueó la entrada de humedad y elevó las temperaturas a niveles inusuales para la temporada. Ese calor aceleró la pérdida de nieve acumulada, alterando uno de los principales mecanismos naturales de almacenamiento de agua del estado.

Los principales embalses de California se mantienen en niveles promedio o incluso superiores gracias a lluvias acumuladas en meses previos. Esto ha evitado, hasta el momento, un escenario inmediato de escasez. Pero los especialistas advierten que el problema no ha desaparecido, solo ha cambiado de forma.

A finales de marzo, el Departamento del Interior de Estados Unidos anunció una inversión de 889 millones de dólares para proyectos esenciales de infraestructura hídrica en el oeste del país, respaldados por la legislación conocida como “One Big Beautiful Bill” impulsada por Donald Trump. Estos recursos se destinarán a proyectos de la Oficina de Recuperación para mejorar transporte, almacenamiento y modernización del sistema.

Un sistema que ya no se comporta igual

Lo que ocurre en California ilustra un cambio más profundo. No se trata únicamente de ciclos de sequía y lluvia, sino de una transformación en el comportamiento del agua: más precipitación en forma de lluvia, menos nieve y una liberación más rápida del recurso. Esto implica menor capacidad de almacenamiento natural y mayor presión sobre la infraestructura existente.

Y mientras en California apenas se encienden focos rojos, Texas ya enfrenta un desafío más estructural. Un análisis estatal advierte que las comunidades deberán invertir 174 mil millones de dólares en las próximas cinco décadas para garantizar el suministro de agua, una cifra que prácticamente duplica estimaciones realizadas apenas cuatro años atrás.

El plan contempla cerca de 3 mil proyectos, desde grandes obras regionales hasta soluciones locales como la perforación de pozos. Aun con estas medidas, las proyecciones apuntan a una reducción cercana al 10 por ciento en el suministro de agua entre 2030 y 2080, junto con una disminución en la capacidad de extracción.

El documento también identifica estrategias adicionales: almacenamiento y recuperación de acuíferos, uso de aguas subterráneas salobres, desalinización, reciclaje y medidas de conservación. Sin embargo, no todas están contempladas dentro del cálculo económico actual.

El costo de no actuar sería elevado. De no implementarse estas medidas, Texas podría enfrentar pérdidas económicas de hasta 91 mil millones de dólares hacia 2030, especialmente ante una sequía severa.

Aunque los contextos son distintos, California y Texas convergen en un mismo punto: la presión sobre el agua ya no responde únicamente a la falta de lluvia, sino a cambios estructurales en el clima, el crecimiento poblacional y la capacidad de gestión.