Texas mantiene su fuerza económica, pero un nuevo ranking advierte que infraestructura, educación y calidad de vida serán claves para sostenerla

Texas.- Texas continúa apareciendo entre los estados con mayor fortaleza para hacer negocios en Estados Unidos, pero un análisis publicado este miércoles 5 de agosto pone sobre la mesa una realidad que suele quedar escondida detrás de las grandes cifras de inversión, empleo y crecimiento: mantener el liderazgo económico no depende solamente de atraer compañías. El estado conserva posiciones muy competitivas en rubros como economía, fuerza laboral, innovación tecnológica y costos para hacer negocios, pero enfrenta áreas donde todavía existe un margen importante de mejora, particularmente en infraestructura, educación y calidad de vida. El análisis elaborado por el economista Dr. M. Ray Perryman, presidente y CEO de The Perryman Group, a partir del ranking anual de mejores estados para hacer negocios de CNBC, plantea precisamente esa contradicción: Texas sigue siendo una potencia económica, pero algunos de los elementos que determinan si esa fortaleza puede mantenerse durante los próximos años no presentan resultados igual de sólidos. En la clasificación actual, Texas cayó al cuarto lugar general después de haber ocupado el segundo sitio en 2025. El descenso no significa que el estado haya dejado de ser atractivo para las empresas, pero sí funciona como una señal de que el crecimiento económico por sí solo no garantiza que Texas pueda conservar indefinidamente su posición privilegiada.

El ranking utilizado para este análisis no se limita a medir cuánto dinero genera un estado o cuántas compañías deciden instalarse en su territorio. CNBC revisa 138 indicadores agrupados en 10 categorías, por lo que el resultado intenta ofrecer una mirada más amplia sobre las condiciones que hacen posible desarrollar y sostener una actividad empresarial. Dentro de esos criterios aparecen elementos tan diferentes como carreteras, puertos, aeropuertos, ferrocarriles, disponibilidad de agua y energía, conectividad de banda ancha, capacidad de cómputo, facilidad para obtener permisos, trabajadores especializados, innovación tecnológica, educación, atención médica y condiciones de vida. Esta metodología ayuda a entender por qué Texas puede ser extraordinariamente fuerte en algunos apartados y, al mismo tiempo, quedar rezagado en otros. La economía estatal ocupa el segundo lugar y la fuerza laboral aparece en primer lugar, mientras que tecnología e innovación ocupa el tercero y el costo de hacer negocios el quinto. Es decir, cuando una compañía analiza exclusivamente la posibilidad de producir, contratar personal y operar a costos competitivos, Texas continúa teniendo argumentos muy poderosos. Pero cuando la mirada se amplía hacia las condiciones que rodean a trabajadores y familias, aparecen desafíos que pueden adquirir mayor peso con el paso del tiempo.

Uno de los puntos que más llama la atención es precisamente la infraestructura. Texas obtuvo el lugar 12 en esta categoría, una posición que representa una mejoría respecto de años recientes, pero que todavía muestra que existen tareas pendientes. La infraestructura que considera el ranking no se reduce a carreteras o puentes, aunque estos elementos continúan siendo esenciales para un estado que depende enormemente del movimiento de mercancías y personas. También se toman en cuenta vías ferroviarias, transporte aéreo, disponibilidad y confiabilidad de energía eléctrica, acceso al agua, conectividad digital y capacidad para atender las necesidades de grandes operaciones tecnológicas. Incluso la velocidad con la que un proyecto puede pasar de la planeación a la operación forma parte de la evaluación, mediante factores como la disponibilidad de terrenos listos para desarrollar y la facilidad para obtener permisos. Para Texas, este punto tiene especial importancia porque su crecimiento empresarial ha generado una demanda cada vez mayor de infraestructura capaz de acompañar nuevas inversiones. Si las empresas llegan más rápido de lo que las comunidades pueden ampliar servicios y conexiones, el crecimiento puede comenzar a generar cuellos de botella que eventualmente afecten la competitividad.

La fortaleza laboral, en cambio, continúa siendo uno de los grandes argumentos de Texas. El estado obtuvo el primer lugar en Workforce, una categoría que considera aspectos como la concentración de trabajadores relacionados con ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, el nivel educativo, la capacidad para atraer personal calificado y la productividad. Para las empresas, disponer de trabajadores capaces de cubrir puestos especializados puede ser tan importante como encontrar terrenos, energía o incentivos fiscales. En sectores que dependen cada vez más de automatización, análisis de datos, inteligencia artificial y procesos tecnológicos, la existencia de una fuerza laboral preparada se convierte en una ventaja competitiva. Texas ha logrado construir una imagen atractiva precisamente alrededor de esa combinación: una economía grande, una población laboral extensa y una creciente presencia de sectores tecnológicos y especializados. Sin embargo, el propio análisis advierte que existe una conexión directa entre la calidad de la fuerza laboral del presente y las condiciones educativas del futuro. No basta con contar actualmente con trabajadores preparados si las nuevas generaciones no reciben las herramientas necesarias para reemplazarlos y ampliar esa base profesional.

Ahí aparece uno de los puntos más delicados del análisis: educación. Texas ocupa el puesto 32 en esta categoría, muy por debajo de la posición que obtiene en economía y fuerza laboral. El indicador considera aspectos como resultados académicos, tamaño de los grupos, gasto educativo, disponibilidad de universidades, colegios comunitarios y programas de formación profesional. La diferencia entre ambas posiciones genera una pregunta que va más allá de una tabla de clasificación: ¿cómo puede un estado mantener durante décadas una fuerza laboral de primer nivel si sus resultados educativos se encuentran bastante más abajo? El análisis plantea justamente esa tensión. La economía puede beneficiarse durante cierto tiempo de trabajadores que ya están preparados, de personas que llegan desde otros estados y de instituciones que han conseguido atraer talento. Pero una economía que pretende seguir expandiéndose necesita producir constantemente nuevas generaciones de técnicos, ingenieros, especialistas y profesionales. En especial para las regiones fronterizas y las ciudades que buscan atraer inversiones manufactureras y logísticas, la formación técnica y profesional puede terminar siendo uno de los factores que determine qué tipo de empleos llegan y cuánto tiempo permanecen las empresas.

El otro gran contraste aparece en calidad de vida, categoría en la que Texas ocupa el lugar 49. En este apartado entran elementos relacionados con acceso y costo de atención médica, disponibilidad de servicios de cuidado infantil, condiciones ambientales y determinados aspectos de inclusión y legislación estatal. Puede parecer una categoría alejada de la economía, pero el análisis sostiene que ambas cuestiones están cada vez más relacionadas. Una compañía puede encontrar un mercado laboral atractivo, costos competitivos y condiciones favorables para operar, pero también necesita que sus trabajadores quieran vivir en el lugar donde se encuentra la empresa. Para las nuevas generaciones de profesionistas, especialmente aquellas con habilidades muy demandadas, el salario no necesariamente es el único elemento que determina dónde vivir. La disponibilidad de servicios médicos, escuelas, cuidado infantil, vivienda, espacios públicos y condiciones ambientales puede influir en la decisión de aceptar un empleo, permanecer en una ciudad o trasladarse a otro estado. Por ello, una debilidad en calidad de vida puede terminar convirtiéndose, con el tiempo, en una dificultad para atraer y retener talento.

Esta discusión adquiere todavía más importancia en las ciudades fronterizas de Texas, donde el crecimiento económico suele estar conectado con fenómenos como el comercio internacional, la manufactura, la logística y la llegada de nuevos proyectos. Laredo, McAllen, Brownsville y El Paso, por ejemplo, forman parte de una franja económica en la que la infraestructura, la disponibilidad de trabajadores y la conexión con México tienen un peso enorme. Pero también son comunidades que deben responder a las necesidades de una población que utiliza hospitales, escuelas, carreteras, servicios públicos y sistemas de transporte todos los días. La competitividad de una región fronteriza no se mide únicamente por cuántos camiones cruzan un puerto o cuántas empresas anuncian inversiones. También depende de que los trabajadores puedan encontrar vivienda, que las familias tengan acceso a educación y servicios de salud y que las ciudades tengan capacidad para acompañar el crecimiento. En ese sentido, los resultados del ranking ofrecen una lectura particularmente útil para Texas: las fortalezas que ya existen pueden seguir impulsando la economía, pero las áreas débiles no desaparecen simplemente porque el Producto Interno Bruto o las inversiones continúen creciendo.

El resultado final coloca a Texas en el cuarto lugar general, después de haber ocupado el segundo en la edición de 2025. El cambio no representa una crisis ni elimina las ventajas que han convertido al estado en uno de los principales polos empresariales de Estados Unidos. De hecho, los datos muestran que Texas continúa destacando en economía, fuerza laboral, innovación y costos de operación. Lo interesante del análisis publicado este 5 de agosto es que invita a observar qué ocurre detrás de esos números. La prosperidad puede mantenerse durante un tiempo gracias a las fortalezas existentes, pero para sostenerla será necesario invertir en las condiciones que permiten que esas fortalezas se reproduzcan. Educación, infraestructura y calidad de vida no son asuntos secundarios cuando un estado pretende atraer empresas durante décadas y no solamente durante un ciclo de crecimiento. Para Texas, la señal es clara: todavía tiene una posición privilegiada, pero conservarla dependerá de que el éxito económico vaya acompañado de mejores condiciones para quienes viven y trabajan en el estado.