El Paso y Juárez buscan competir como una sola región económica

El Paso, Texas.- La integración entre El Paso y Ciudad Juárez volvió a ocupar un lugar central en la conversación sobre el futuro económico de la frontera. Durante el NADBank Summit 2026, especialistas, autoridades y representantes del sector empresarial coincidieron en que Norteamérica necesita fortalecer sus vínculos internos si quiere competir con regiones como Asia en un escenario internacional cada vez más fragmentado. Uno de los planteamientos que más llamó la atención fue el de considerar a El Paso y Juárez no solamente como dos ciudades separadas por una frontera, sino como una misma región económica con necesidades y oportunidades compartidas.

El economista mexicano Agustín Carstens, exgobernador del Banco de México, planteó la necesidad de una integración que vaya más allá de los acuerdos comerciales. Su propuesta de una “integración inteligente” parte de una realidad que las ciudades fronterizas conocen desde hace décadas: las cadenas de suministro, los trabajadores, las empresas y las familias ya están conectados de muchas maneras, pero la infraestructura y las políticas públicas no siempre avanzan al mismo ritmo.

🌎 Una frontera que funciona como una sola economía

La relación entre ambas ciudades tiene una dimensión económica considerable. El área metropolitana binacional reúne aproximadamente 2.7 millones de habitantes, y buena parte de su actividad está relacionada con manufactura, transporte, comercio y servicios. Por eso, los líderes reunidos en el encuentro plantearon que mejorar la coordinación entre ambos lados podría permitir que la región aproveche mejor las inversiones que están llegando a Norteamérica.

El debate adquiere especial importancia porque la manufactura avanzada está creciendo en diferentes puntos de la frontera. Las industrias aeroespacial, tecnológica y manufacturera requieren infraestructura capaz de mover mercancías con rapidez, pero también necesitan energía, agua, carreteras, cruces internacionales eficientes y espacios industriales. Cuando una parte de esa infraestructura se queda atrás, el impacto termina sintiéndose a ambos lados de la frontera.

El alcalde de El Paso, Renard Johnson, y el alcalde de Ciudad Juárez, Héctor Ortiz, participaron en las conversaciones sobre la necesidad de fortalecer la cooperación regional. Entre los asuntos abordados estuvieron el transporte, el comercio, la manufactura, la energía, el empleo, el agua y la infraestructura. La variedad de temas muestra que la relación entre ambas ciudades ya no puede analizarse únicamente desde la perspectiva de los cruces fronterizos.

🚛 El transporte es parte fundamental del reto

Para las empresas que trabajan entre México y Estados Unidos, cada minuto que una mercancía permanece detenida representa tiempo y dinero. Por eso, la modernización de los cruces fronterizos aparece como uno de los puntos más importantes de la agenda regional. Una infraestructura más eficiente permitiría que las cadenas de suministro funcionen con mayor previsibilidad y que las empresas puedan planear mejor sus operaciones.

El tema también es relevante para El Paso porque la ciudad forma parte de uno de los corredores comerciales más importantes entre México y Estados Unidos. El gobierno municipal administra cruces como Paso del Norte y Ysleta-Zaragoza, mientras que la región cuenta además con otros puntos de entrada para vehículos comerciales y particulares. La propia ciudad destaca que estos cruces conectan a El Paso con Ciudad Juárez y forman parte de una de las mayores zonas metropolitanas fronterizas del mundo.

Pero modernizar un puente no es suficiente si las carreteras, patios logísticos, sistemas de inspección y conexiones ferroviarias no pueden acompañar el crecimiento. Esa es precisamente una de las razones por las que los especialistas están hablando de una estrategia regional y no de proyectos aislados. La mercancía no termina cuando cruza el puente: necesita continuar hacia plantas, almacenes y centros de distribución.

🏭 Más manufactura, pero también más infraestructura

La expansión de proyectos de manufactura avanzada representa una oportunidad para la frontera, pero también aumenta la presión sobre sus servicios. Los nuevos proyectos necesitan electricidad confiable, agua, transporte y trabajadores capacitados. Si El Paso y Juárez consiguen coordinar parte de esas necesidades, podrían fortalecer su posición como una plataforma industrial de Norteamérica.

La discusión sobre infraestructura también llega en un momento en que las cadenas de suministro internacionales están cambiando. Las empresas buscan reducir riesgos, acercar parte de su producción a sus principales mercados y contar con proveedores más cercanos. Esa transformación puede favorecer a las ciudades fronterizas, pero solamente si tienen la capacidad física para absorber nuevas operaciones.

Carstens señaló que Norteamérica enfrenta un escenario marcado por fragmentación geopolítica, inflación, inteligencia artificial y cadenas de suministro menos resistentes. En ese contexto, una mayor cooperación entre Estados Unidos, México y Canadá podría convertirse en una ventaja frente a otras regiones del mundo.

Para El Paso y Juárez, el mensaje es particularmente relevante. La frontera ya tiene la ventaja de contar con una actividad económica binacional consolidada; ahora el desafío consiste en modernizar las herramientas que permiten que esa actividad crezca.

🤝 Una relación que va más allá de los gobiernos

Uno de los puntos que surgieron durante el encuentro fue que la cooperación fronteriza no debería depender exclusivamente de quién ocupa un cargo público en determinado momento. La relación entre las comunidades, empresas, universidades y trabajadores permanece incluso cuando cambian las administraciones. Esa continuidad puede ser una de las mayores fortalezas de la región.

El NADBank Summit reunió a representantes de distintas entidades de México y Estados Unidos, así como a empresarios, especialistas, instituciones financieras y universidades. La intención fue analizar proyectos y desafíos comunes desde diferentes perspectivas, particularmente en infraestructura y desarrollo económico.

En el caso de El Paso y Juárez, esa colaboración puede traducirse en proyectos concretos relacionados con transporte, energía, agua y espacios industriales. No significa que ambas ciudades tengan que funcionar exactamente de la misma manera, sino que sus decisiones pueden tomar en cuenta el impacto que tienen sobre la economía del otro lado.

La idea de una región binacional más integrada tampoco elimina los retos comerciales que existen entre México y Estados Unidos. Sin embargo, sí plantea una estrategia diferente: aprovechar la cercanía geográfica para convertir la frontera en una ventaja competitiva y no solamente en una línea que separa dos mercados.

El mensaje que salió del encuentro fue claro: si Norteamérica quiere competir en una economía global cada vez más complicada, sus regiones fronterizas necesitarán trabajar de manera más coordinada. Para El Paso y Juárez, eso podría significar una nueva etapa en la que infraestructura, comercio y desarrollo económico se planeen pensando en ambos lados de la frontera.