¿Adiós a la hamburguesa? La carne importada barata abre una crisis de confianza entre consumidores de EU

  • Washington autorizó la  entrada de 300 mil toneladas de recortes de carne de res para reducir el precio de la carne molida.

HISPANIC GLOBAL NEWS/ Javier Amieva

WASHINGTON.- Una estrategia de la administración federal para abaratar la carne molida en Estados Unidos,  podría producir un efecto contrario al esperado pues mientras la Casa Blanca pretende reducir el precio de las hamburguesas mediante un fuerte aumento temporal de las importaciones de carne magra, parte de los consumidores comenzó a cuestionar públicamente el origen, calidad y trazabilidad del producto que terminará mezclado con carne estadounidense.

La polémica surgió después de que el gobierno autorizara 300 mil toneladas métricas adicionales de recortes magros de res dentro de la cuota arancelaria estadounidense durante 2026. La medida estará vigente durante 90 días, a razón de hasta 100 mil toneladas mensuales entre septiembre y noviembre, y tiene como objetivo aumentar la oferta disponible para producir carne molida y contener los precios.

La Casa Blanca reconoce que Estados Unidos enfrenta una contracción en la oferta ganadera, lo que elevaría los precios. De acuerdo con la proclamación presidencial del 26 de agosto, el hato estadounidense se encuentra en su nivel más bajo en 75 años. Así que el objetivo económico es sencillo: más oferta debería ayudar a contener el precio de la carne molida- la que se usa para las hamburguesas-, pero el problema es que la manera en que fue anunciada la decisión abrió una discusión que deja de lado el precio.

De carne barata a “mystery meat”

Cuando Donald Trump anunció inicialmente que EU incrementaría sus compras de carne extranjera, evitó precisar públicamente todos los países que participarían. Días más tarde mencionó a Argentina y Brasil, aunque señaló que habría otros proveedores sin identificarlos.

Ese vacío informativo alimentó rápidamente el término “mystery meat” —carne misteriosa— en medios y redes sociales.

La preocupación se intensificó porque el producto incluido en la nueva cuota no corresponde principalmente a cortes premium como rib-eye, sirloin o filet mignon. Se trata de recortes magros de carne de res, que habitualmente se mezclan con carne estadounidense de mayor contenido de grasa para fabricar carne molida destinada a supermercados, restaurantes y, de manera relevante, hamburguesas.

Eric Schlosser, autor de Fast Food Nation, señaló que esos recortes pueden terminar combinados industrialmente con carne procedente de numerosos animales y distintos orígenes antes de convertirse en producto molido.

En redes sociales comenzaron entonces a circular llamados de consumidores a evitar consumir  temporalmente hamburguesas hasta tener mayor claridad sobre la procedencia del producto. Algunos mensajes incluso plantearon dejar de consumirlas durante el resto del mandato de Trump. Pero esas expresiones deben entenderse como reacciones individuales y no como una medición estadística del comportamiento de millones de consumidores estadounidenses.

USDA: la carne importada sí pasa por controles estadounidenses

La controversia requiere una precisión importante. La carne extranjera no puede importarse libremente al mercado estadounidense simplemente porque el gobierno aumente una cuota de importación. El Food Safety and Inspection Service (FSIS) del USDA exige que los países exportadores mantengan sistemas de inspección considerados equivalentes al estadounidense.

Si el producto no cumple las reglas estadounidenses, FSIS puede rechazar su entrada y exigir que sea retornado, destruido o posiblemente destinado a otros usos permitidos.

En otras palabras, la controversia sobre la procedencia no significa que Washington haya eliminado sus controles de inocuidad.

USDA mantiene un sistema de elegibilidad específico por país y establecimiento. FSIS establece que únicamente plantas certificadas bajo un sistema que Estados Unidos haya determinado equivalente pueden exportar productos cárnicos al mercado estadounidense pero en este caso, ¿podría perderse la trazabilidad?

La nueva proclamación tampoco señala que las 300 mil toneladas provendrán exclusivamente de Brasil o Argentina. El texto oficial dispone que la ampliación será asignada a la categoría de “other countries or areas” y que CBP debe garantizar acceso a todos los países elegibles conforme a las reglas correspondientes, sin embargo, se sabe que hay pláticas avanzadas con estos dos países.

El verdadero problema puede ser la confianza

La paradoja para el gobierno, es que una medida diseñada para atacar un problema económico —el alto precio de la carne— puede abrir otro relacionado con confianza y transparencia.

Trump firmó el 4 de septiembre una orden para fortalecer a rancheros y pequeños procesadores estadounidenses, aumentar la competencia frente a los grandes empacadores y ampliar las posibilidades de que productores locales procesen y comercialicen su propia carne entre estados.

Washington intenta así caminar sobre dos líneas difíciles de conciliar: abaratar la hamburguesa mediante importaciones y, simultáneamente, convencer al ranchero estadounidense de que su mercado interno no será desplazado.

Y entre ambos se encuentra el consumidor. La hamburguesa a diferencia de un corte empacado que puede conservar una identidad comercial más definida, es precisamente un producto creado mediante mezcla en la que no se ve su contenido ni propiedades.

Así que si el estadounidense percibe solo el aspecto de una hamburguesa más barata, la política podría cumplir su propósito.

No existen todavía datos que permitan afirmar que millones dejarán de comer hamburguesas durante los próximos años. Sí existen, en cambio, señales de una discusión creciente sobre origen, trazabilidad e inocuidad que el gobierno tendrá que enfrentar si pretende que la mayor importación de carne autorizada se traduzca en confianza y no solamente en precios más bajos.