Laredo busca un “muro verde” para proteger el Río Bravo sin aislar la ciudad
El gobierno de Laredo intenta negociar con autoridades federales una alternativa menos agresiva a los tradicionales muros fronterizos impulsados por Washington. La propuesta busca reforzar la seguridad en la frontera con México sin afectar el paisaje urbano ni las áreas naturales que rodean el Río Bravo.
Tras varios meses de diálogo con el Departamento de Seguridad Nacional y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP), autoridades locales presentaron los primeros diseños de una barrera fronteriza distinta para el centro de la ciudad y otras zonas consideradas sensibles.
A diferencia de los grandes bolardos de acero promovidos durante años por la administración de Donald Trump, el proyecto de Laredo contempla estructuras más bajas y visualmente menos invasivas. Entre las opciones aparecen barandales metálicos, cercas de acero de menor altura, mallas y corredores públicos integrados junto al río.
El alcalde Víctor Treviño explicó que la intención es mantener medidas de seguridad sin dividir visualmente la ciudad ni afectar el entorno del centro histórico. Las negociaciones también involucran al congresista Henry Cuellar y a representantes federales.
La propuesta abarcaría el tramo ribereño entre el Puente Internacional del Ferrocarril Texas-México y el Puente Internacional Juárez-Lincoln, una de las zonas más representativas del comercio y tránsito binacional. En lugar de colocar enormes estructuras frente al río, el diseño plantea barreras cercanas al agua y un corredor urbano con áreas verdes y acceso público del lado estadounidense.
Las autoridades locales consideran que una barrera menos pesada ayudaría a reducir impactos ambientales, visuales y de movilidad. Además, algunas zonas quedarían excluidas del proyecto original, incluyendo la planta de tratamiento de aguas residuales, el campo de golf Max Mandel y parte de la ribera del centro de la ciudad.
Aunque el gobierno federal mantiene planes más amplios de seguridad para la frontera —como vigilancia tecnológica, patrullajes y posibles barreras flotantes—, Laredo busca un modelo que preserve la relación cotidiana entre la ciudad y México.
El llamado “muro verde” refleja el complicado equilibrio que enfrentan las ciudades fronterizas: responder a las políticas de seguridad de Washington sin transformar por completo su entorno urbano ni romper la conexión histórica con el Río Bravo.









