La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) continúa avanzando sin pausas y se perfila como uno de los procesos económicos más relevantes para América del Norte durante 2026. Luego de concluir la segunda ronda de negociaciones bilaterales realizada del 15 al 17 de junio en Washington, representantes de ambos gobiernos confirmaron que las conversaciones permitieron registrar avances en varios temas considerados estratégicos para el futuro del acuerdo comercial. Aunque todavía existen diferencias importantes por resolver, funcionarios de ambos países coincidieron en mantener el diálogo abierto y preparar una tercera ronda que se llevará a cabo durante la semana del 20 de julio en la Ciudad de México.
La más reciente reunión estuvo encabezada por el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, y el secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard. Durante los encuentros se abordaron asuntos relacionados con reglas de origen para bienes industriales, seguridad económica, agricultura, acero, aluminio, industria automotriz, medio ambiente y mecanismos para fortalecer la compatibilidad regulatoria entre ambos países. Uno de los acuerdos alcanzados fue respaldar la creación de un comité especializado para revisar la implementación del Capítulo 12 del tratado, enfocado en anexos sectoriales y armonización regulatoria.
El proceso de revisión del T-MEC ocurre en un momento especialmente importante para la economía regional. Norteamérica atraviesa una etapa de profundas transformaciones derivadas del nearshoring, la reorganización de cadenas globales de suministro y el fortalecimiento de industrias consideradas estratégicas, como semiconductores, dispositivos médicos, inteligencia artificial y manufactura avanzada. Las decisiones que surjan de estas negociaciones podrían influir directamente en la competitividad de la región durante los próximos años.
Para México, mantener la estabilidad del tratado representa una prioridad económica. El país continúa consolidándose como uno de los principales destinos para inversiones manufactureras destinadas al mercado estadounidense, especialmente en estados del norte donde la actividad industrial mantiene un crecimiento sostenido. La certidumbre jurídica y comercial sigue siendo uno de los principales factores que analizan las empresas antes de decidir nuevas inversiones.
En Estados Unidos, la revisión también busca fortalecer la producción nacional y garantizar que los beneficios del tratado favorezcan principalmente a fabricantes, trabajadores, agricultores y pequeñas empresas estadounidenses. Las autoridades norteamericanas han reiterado que uno de los objetivos consiste en reforzar las reglas de origen y evitar que terceros países obtengan ventajas indirectas dentro del mercado regional.
Especialistas consideran que, más allá de las diferencias puntuales, existe un amplio interés por preservar la integración económica construida durante décadas entre los tres socios comerciales. El comercio entre México y Estados Unidos continúa alcanzando niveles históricos y numerosas industrias dependen diariamente del funcionamiento eficiente de cadenas productivas compartidas.
Las próximas semanas estarán marcadas por reuniones técnicas, consultas con el sector privado y preparación de nuevos documentos que servirán de base para la siguiente etapa de negociación. Tanto empresarios como organismos industriales siguen atentos al desarrollo del proceso, conscientes de que cualquier modificación puede tener efectos importantes sobre exportaciones, inversiones y empleo.
La revisión del T-MEC no representa únicamente una actualización de reglas comerciales. También constituye una oportunidad para redefinir la competitividad de América del Norte frente a otros bloques económicos. Por ello, las decisiones que se adopten durante los próximos meses serán observadas con atención por gobiernos, inversionistas y empresas de todo el mundo.









