- Houston y Dallas serán sede en 2026, pero el costo recaerá —en buena medida— en los contribuyentes texanos
HISPANIC GLOBAL NEWS
Dallas, Texas.- Texas volverá a usar dinero público, poniendo sobre la mesa albergar uno de los eventos deportivos más grandes del planeta. Cuando Houston y Dallas sean anfitriones de partidos de la Copa Mundial de la FIFA en junio y julio de 2026, lo harán bajo un esquema en el que las ciudades sede -y a su vez los residentes- absorben buena parte de los gastos, mientras el organismo internacional se concentra en generar ingresos.
Las dos ciudades texanas forman parte de las 11 sedes en Estados Unidos que acordaron cubrir cientos de millones de dólares en costos operativos. Esto incluye seguridad durante los partidos, adecuaciones a los estadios para cumplir con estándares futbolísticos y la organización de festivales para aficionados. Aunque inicialmente también debían financiar el transporte de funcionarios de la FIFA, ese requisito fue eliminado en el caso de Houston.
A cambio, los beneficios directos son limitados. Las ciudades no reciben ingresos por venta de entradas, estacionamiento, concesiones ni mercancía oficial. Incluso una fuente habitual de financiamiento local —la comercialización de palcos y boletos vinculados a patrocinios— fue restringida por la FIFA en esta edición.
Un negocio global, una factura local
El contraste es evidente: mientras la FIFA proyecta ingresos por el evento de unos 11 mil millones de dólares, las ciudades anfitrionas asumen los costos sin participación en esas ganancias.
Los acuerdos con la FIFA se firmaron desde antes de que Estados Unidos, México y Canadá presentaran su candidatura en 2017, y muchos de esos contratos siguen sin hacerse públicos. Conforme se acerca el torneo, crece la inquietud sobre si el balance final será negativo para las ciudades.
El nivel de exigencia fue tal que algunas localidades optaron por retirarse del proceso. Chicago, por ejemplo, decidió no continuar con su candidatura. Otras ciudades que siguieron adelante han mostrado tensiones: en Foxborough, Massachusetts, autoridades locales amenazaron con bloquear permisos hasta asegurar el pago anticipado de casi 8 millones de dólares en seguridad.
En Texas, el impacto económico del Mundial se gestionará a través de un modelo ya conocido: el estado reembolsa parte de los gastos a las ciudades con base en la derrama económica estimada. Desde 2015, este programa ha destinado alrededor de 263 millones de dólares para apoyar eventos deportivos, desde el Super Bowl hasta competencias internacionales.
Para el Mundial, Houston contará con respaldo federal —al menos 65 millones de dólares para seguridad— como parte de una bolsa más amplia de 625 millones asignados a nivel nacional. Además, el estado podría cubrir otros gastos mediante su fondo de reembolsos, lo que también beneficiaría a Dallas.
Los partidos en Houston se jugarán en el NRG Stadium, mientras que en la zona de Dallas tendrán como sede el AT&T Stadium. En este último caso, la ciudad de Arlington firmó un acuerdo específico para recuperar parte de los costos asociados. El problema es que este esquema significa que los contribuyentes texanos absorberán una parte significativa de la factura.
Además, existen dudas sobre la efectividad del modelo: los administradores del programa estatal han enfrentado dificultades para comprobar que estos eventos generen un retorno positivo en todos los casos.
Pese a las críticas, los organizadores locales defienden la inversión. El argumento más usual es el de atraer turismo, aumentar el consumo y posicionar a las ciudades en el escaparate global. Pero el desafío sigue siendo el mismo de otros megaeventos: demostrar que el gasto público inicial se traduce en beneficios tangibles a largo plazo.









