La propuesta de bajar el precio del barril a 50 dólares amenaza con frenar la bonanza petrolera que sostiene buena parte de la economía texana
HISPANIC GLOBAL NEWS
Laredo, Texas.- El auge del petróleo texano tras la pandemia del COVID-19 podría verse amenazado por las recientes promesas del presidente Donald Trump, quien ha reiterado su intención de reducir el precio del barril a 50 dólares con el objetivo de abaratar el combustible para los consumidores. Para lograrlo, ha sugerido medidas agresivas, entre ellas inundar el mercado con petróleo proveniente de Venezuela, país sobre el cual incluso insinuó que Estados Unidos debería “tomar control” de sus reservas tras el arresto del presidente Nicolás Maduro.
Para Texas, el mayor productor de petróleo de Estados Unidos, ese escenario podría resultar especialmente costoso. Expertos advierten que la industria energética es la columna vertebral de la economía estatal y genera empleo para cerca de 495 mil trabajadores. Un barril en torno a los 50 dólares dificultaría que muchas empresas cubran sus costos operativos y obtengan ganancias, lo que podría derivar en recortes de producción, despidos y una reducción en la inversión.
El impacto sería aún más visible en regiones altamente dependientes del sector, como la Cuenca Pérmica, donde gobiernos municipales y de condado obtienen buena parte de sus ingresos del petróleo y el gas. Menor actividad implica menor recaudación fiscal y, en consecuencia, presupuestos públicos más ajustados.
Tom Manskey, director de desarrollo económico de Odessa, ciudad de aproximadamente 120 mil habitantes ubicada en el corazón de esa cuenca, explicó que precios tan bajos, aunque positivos para los automovilistas, representarían un golpe directo para la economía local.
“Me imagino que tendría un efecto negativo en nuestra región en cuanto a empleos y otros aspectos”, señaló Manskey. “Estamos en un momento económico muy impredecible, y creo que esto solo lo agrava. Actualmente, el mercado no es predecible”.
En la misma línea, Ray Perryman, economista y fundador del Grupo Perryman, advirtió que un barril a 50 dólares obligaría a ajustes profundos en el mercado energético, con efectos tanto a corto como a largo plazo. Las compañías, explicó, reducirían la entrada de nuevo petróleo al mercado para tratar de sostener los precios, generando un entorno volátil.
“Si los precios del petróleo cayeran a 50 dólares por barril, los efectos a corto plazo probablemente serían algo positivos para algunos segmentos de la economía estadounidense, pero claramente habría ganadores y perdedores”, afirmó Perryman.
No obstante, dentro de la industria también hay posturas menos pesimistas. Ed Longanecker, presidente de la Asociación de Productores Independientes y Propietarios de Regalías de Texas, consideró que los avances tecnológicos permiten mantener cierto nivel de competitividad, incluso con precios más bajos.
“Una ligera disminución en la producción en 2026 presionaría modestamente los presupuestos estatales y locales, pero la sólida economía de Texas y la eficiencia en la perforación ayudarían a mitigar los impactos a nivel estatal”, sostuvo Longanecker.
Aun así, los números dejan un margen de maniobra limitado. En Texas, el precio mínimo para cubrir costos de perforación y generar ganancias se estima en 62 dólares por barril, por lo que un nivel de 50 dólares colocaría a buena parte de la industria en terreno riesgoso.
Pese al discurso presidencial de “perforar, perforar, perforar”, la producción de petróleo y gas en Texas se ha mantenido relativamente estable entre diciembre de 2024 y octubre de 2025, en torno a 5.8 millones de barriles diarios. Además, el número de plataformas activas —un indicador clave del interés por expandir la extracción— ha disminuido: el estado ha perdido 20 plataformas desde que Trump asumió el cargo, según datos del sector.
La paradoja es evidente. Mientras el presidente busca reducir los precios para beneficiar a los consumidores, esa misma estrategia podría debilitar uno de los pilares económicos de Texas. La promesa de gasolina más barata podría venir acompañada de despidos, menor inversión y recortes presupuestales en comunidades que dependen casi por completo del petróleo. En el Estado de la Estrella Solitaria, el crudo sigue siendo mucho más que combustible: es empleo, impuestos y estabilidad económica.









