La reducción histórica del hato en Estados Unidos, agravada por la suspensión de importaciones desde México por la mosca barrenadora, presiona los precios de la carne de bovino al alza mientras del otro lado de la frontera se acumula el ganado
HISPANIC GLOBAL NEWS
Laredo, Texas.- La industria ganadera de Estados Unidos atraviesa un momento de preocupación, pues la combinación de años de sequía, un hato ganadero en mínimos históricos y el cierre de la frontera al ganado mexicano han reducido la oferta de carne de res, empujando los precios a niveles récord para los consumidores.
El impacto ya se refleja en el bolsillo de la población. Los precios de la carne de res se han disparado en Estados Unidos. Los últimos datos económicos de la Reserva Federal (marzo 2026) muestran que el precio promedio de la carne molida se sitúa en 6.739 dólares, casi 20 por ciento más que en diciembre de 2024. Con casi todo encareciéndose debido a los aranceles, los efectos del conflicto en Irán y la sequía, el aumento en la carne de res puede resultar abrumador para muchos estadounidenses, y esto también afecta a otro tipo de carnes incluyendo porcina, aves y peces en los puntos de comercialización.
Detrás de este aumento hay un problema estructural: Estados Unidos tiene hoy menos ganado que en cualquier otro momento reciente. En enero de 2026, el hato bovino cayó a 86.2 millones de cabezas, con una disminución de 8.6 por ciento en el inventario de vacas de carne en proyecciones desde el 2020.
A esta caída se suma un factor climático persistente. Años de sequía e incendios forestales han deteriorado las tierras de pastoreo, reducen el suministro de forraje y obligan a los productores a vender animales antes del tiempo óptimo o reducir sus operaciones. El resultado ha sido una menor producción nacional de carne de res.
Frontera cerrada y menos ganado
Desde mayo de 2025, el gobierno estadounidense suspendió la importación de ganado vacuno, caballos y bisontes vivos a través de los puertos fronterizos del sur, como medida para contener la propagación de la “mosca barrenadora del Nuevo Mundo”, un parásito cuyas larvas se alimentan de tejido vivo.
La plaga, detectada en ganado mexicano en 2024, llevó al Servicio de Inspección de Sanidad Animal y Vegetal del Departamento de Agricultura de Estados Unidos a restringir drásticamente la entrada de ganado y productos de origen animal procedentes de México.
La medida sanitaria, aunque clave para proteger al ganado estadounidense, tuvo un efecto directo en el mercado: al reducir significativamente el flujo de ganado hacia Estados Unidos, un insumo fundamental para los corrales de engorda, especialmente en estados del sur como Texas.
Esta restricción llegó en un momento particularmente vulnerable para la industria ganadera estadounidense. El país ya enfrentaba una reducción sostenida de su población bovina durante las últimas dos décadas, por lo que la interrupción del suministro externo terminó por agravar la escasez.
Las restricciones a las importaciones han limitado el acceso a ganado para engorde, profundizando el desequilibrio entre oferta y demanda y contribuyendo al aumento de precios en el mercado interno.
Sequía, menos hato y precios al alza
Además de lo indicado, el factor climático ha sido determinante en este escenario. La sequía prolongada impacta directamente la capacidad de producción ganadera en Estados Unidos, al reducir la disponibilidad de pasto y agua, y elevar los costos de alimentación.
Ante este entorno, muchos ganaderos han optado por reducir sus hatos, lo que ocasiona un efecto negativo acumulado en la oferta nacional de carne. Esta combinación de menor producción interna y restricciones a las importaciones ha creado una presión al alza sostenida sobre los precios.
El resultado es un mercado con oferta limitada frente a una demanda robusta. Estados Unidos se mantiene como el mayor consumidor mundial de carne de vacuno por volumen y el segundo en consumo per cápita, lo que hace más significativo el impacto de cualquier disrupción en el abastecimiento de este producto.
El efecto contrario en México
Mientras en Estados Unidos escasea el ganado, en México ocurre el fenómeno opuesto. El cierre de la frontera ha obligado a redirigir más de un millón de cabezas de ganado al mercado interno, lo que está transformando la dinámica del sector pecuario mexicano.
Se prevé que el sacrificio de ganado aumente un cinco por ciento, impulsando la producción de carne de res en el país. Este incremento en la oferta interna podría moderar los precios al consumidor en México y favorecer un mayor consumo.
Al mismo tiempo, el sector porcino muestra señales de crecimiento, impulsado por mejoras genéticas y costos de alimentación estables. Este dinamismo también responde a un ajuste en el consumo, donde la carne de cerdo comienza a sustituir a la de res, que resulta más costosa.
En conjunto, la sequía en el sur de Estados Unidos, la reducción histórica del hato y las restricciones a las importaciones desde México han configurado un mercado tensionado, donde los efectos de una crisis sanitaria y climática se reflejan de forma desigual a ambos lados de la frontera.









